
La mañana comenzó con su café, en su negrura espesa se podía ver que era intenso, con cuerpo, amargo, caliente, despierto…
El café fuerte no es para todos. Hay quiénes lo prefieren suave, sin complicaciones, pero para los valientes el amargo es el único camino.
Intenso, ahí está toda la explicación de la existencia extrema, la intensidad, ese calificativo que te hace vivir todo con extrema ¿intensidad?
Que otra palabra define la intensidad: pasión, ardor, fervor, énfasis, vehemencia, impulso, ímpetu, vigor, brío, entusiasmo, fuerza, exaltación, éxtasis.
Todo eso es un buen café intenso, pero no hablo solo de café, hablo de esa persona que, sin quererlo, deja sin respiro todo lo que toca, es esa persona que está en tu vida y con ella te sientes tan nervioso, que no sabes si es por el café o por el desbarajuste que trae esa persona con ella, todo eso es una persona intensa.
Una persona intensa carga con el peso de sentirlo todo de manera profunda y absoluta. Su mundo no tiene término medio, es un don y una carga a la vez.
Son incomprendidas, los demás no entienden su intensidad y la ven como exagerada y abrumadora.
Sienten todo con tanta fuerza que agotan su energía y tú energía. Su mente no descansa, analiza, imagina y revive todas las situaciones con gran detalle.
Se entrega con todo y espera lo mismo de los demás, lo que la hace caer en grandes decepciones.
Vive momentos de alegría y tristeza con la misma potencia.
Su manera de crear, amar y vivir choca con la indiferencia de otros.
Vive intentando frenarse, suavizarse, actuar como otra persona para encajar, pero eso hace que su intensidad sea más exagerada, al no controlarla genera frustración.
Aún así, si estás rodeado de una persona intensa disfruta de su fuego, que da luz y calor aunque te queme, te ilumina rincones que otros ni siquiera ven, quieren y aman de verdad.
Mira esa taza humeante, caliente, con aroma… cuando te tomas un café, es bueno solo si es intenso.
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