
Partiendo de la base de no dejarnos engañar, es hora de dejar de ser los conejillos de indias del marketing que nos venden «salud» en envases brillantes.
No, no eres el cliente, eres el experimento, si no quieres que te conviertas en un simple zombie, mejor empieza a cuestionar lo que pones en tu carrito.
La verdadera plaga no viene de murciélagos ni de laboratorios oscuros, viene en envases brillantes con letras pequeñiiiiitas, con sus respectivos anuncios, donde alguien super feliz está comiendo en un momento, sin saber que en un par de años necesitará un mapa para recordar donde dejó las llaves, pero no hay que preocuparse porque seguro que sacarán un medicamento para ello.
Nos están intoxicando en plan gourmet, pero no pasa nada… siempre podemos culpar al clima, a los astros o al estrés, porque claro el glutamato monosodico no tiene nada que ver.
La próxima vez que te encuentres mal, antes de echarle la culpa al amor intenso de tu madre, a tu marido, a tu esposa o a tus suegros, revisa lo que has comido, puede que ellos sean inocentes de tú descomposición de barriga, malestar general, dolor de cabeza o tu cara hinchada con morros de sobredosis de ácido hialurónico. A lo mejor ha sido esas cosas sanas «100% natural» igual que el cianuro.
Existen los productos veganos, productos veganos sanos que vienen tan ultraprocesados, que traen más productos químicos que las etiquetas de un champú.
Pero no pasa nada, porqué al final del día puedes tomarte una infusión Detox, desintoxicante con bolsita… con formaldehído y su dosis de pesticida.
Controlar lo que consumes te convierte en dueño de tu cuerpo, es como cuidar el descapotable de alta gama que te conduce durante toda la vida.
¿Continuará?
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