Brillando hasta el último aliento

Los cazadores de luz no soportan el resplandor ajeno. No porque les haga daño, sino porque les recuerda su propia sombra. No pueden brillar así que se dedican apagar lo que sí lo hacen. Como insectos estrellándose contra una lámpara, obsesionados por destruir lo que ilumina.

Luego están los que no brillan y tampoco aceptan su opacidad. Se embadurnan de abrillantador social, vendiendote un reflejo engañoso. Todo es resplandor en la superficie pero por dentro es suciedad disfrazada.

Lo mejor de todo es que estos especímenes suelen ir de la mano. Los cazadores de luz, tan ocupados destruyendo lo que brilla, termina brillando con veneno. Y así entre apariencias nos quedamos en un mundo de brillos falsos y cuerpos envenenados.

Tóxicos, palabra asociada solo a venenos químicos, ahora abarca relaciones, actitudes, ambiente… ahora es definición de todo un concepto humano con patas.

Tóxicos que brillan, prefieren una imagen impecable y luminosa aunque te envenenen. El abrillantador del lavavajillas, promete brillo, dejando una película tóxica sobre tú vajilla, estás ingiriendo veneno sin saberlo, pero no pasa nada, tú vajilla queda preciosa en la mesa, aunque cada bocado y sorbo te reste años de vida.

Asi qué si todo te parece demasiado brillante, revisa si es verdadera luz propia o solo otro trago de veneno bien presentado.

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