Cuando las cosas no matan, pero mueres un poco cada día.

Existen cosas que no te matan, pero te hacen morir cada día.
Intentas encontrar respuestas a incongruencias que ni entiendes, ni sabes de dónde vienen, y acabas dándole vueltas a algo completamente distinto a lo que buscabas. Porque así es el caos: «bonito to» y «mierda to».

Entonces, decides buscar el interruptor que enciende el interruptor que da salida a todas las respuestas. Pero claro, el interruptor está cabreado porque el fusible se ha fundido. Y tú te quedas mirando al techo, pensando que todo está de garabatillo, pero la lámpara no tiene bombilla amarilla, (las bombillas blancas contienen más mercurio y son tóxicas), amarillas, siempre bombillas amarillas.

Aun así, sigues viva, feliz a ratos, reconociendo lo interesante que es tanta felicidad a medio cocer. ¿Y qué haces? Vas a comprar. Cosas absurdas que te hacen ilusión. ¿Tiene sentido? Ninguno. Pero ahí estás, comprando y tu alegría es lo que todo ilumina.
Y entonces te preguntas: “¿De qué va todo esto? No tiene ni pies ni cabeza… es una puta locura”.
Y si fumara, fumaría. Pero ni eso. No fumo, ni sé fumar, pero queda interesante.

Y es que llevo días obsoleta. Como un inciso emocional.

Pero lo más terrible no es que mis pensamientos se hayan ido de vacaciones.
¡No! Es que siguen aquí… de vacaciones, los pensamientos, pero dentro de mi cabeza.
Y no trabajan, no se ordenan, no dan respuestas.
Solo están tumbados en hamacas neuronales, bebiendo cervezas, rioja del caro, vino blanco y todos borrachos de incongruencias, escuchando música que no me gusta, bueno si, reguetón, flamenquito, me gusta, bueno, ahí están los pensamientos, dentro del cerebro, bronceándose con ideas absurdas.
Y yo, mientras tanto… creo que no pienso, pero estoy pensando aunque los pensamientos estén de vacaciones.

Así que he llegado a una conclusión brillante: si todo esto no tiene sentido… perfecto.
Que el caos me pille vestida a mi estilo, con mis compras y la nevera llena, con una margarita silvestre en la maceta, otra en la oreja y las preguntas sin responder metidas en el congelador junto a la cerveza para enfriar…

Cuando no le encuentras sentido a muchas cosas, no busques el sentido, no busques nada… así no encuentras lo que no quieres.

Saca la cerveza del congela que explota.

Deja un comentario

Deja un comentario