Como no ser humano y parecerlo cada día.


No hay mayor chapuza en el universo que el ser humano. A veces me pregunto si fue diseñado por un aprendiz, que en vez de seguir el manual, se dedicó a improvisar.

Una obra maestra del desastre: con sus achaques, sus neuras, sus problemas de todo tipo, sus emociones con efectos secundarios… viene, a veces, con grandes complicaciones, y, muchas veces, con la habilidad innata de ahogarse en un vaso de agua, sin agua.

Le encanta infravalorar al prójimo mientras exige pleitesía, como si llevara corona de laureles. Necesita palmeros que en cada momento le jaleen con su «arsa y olé» pero son incapaces de devolver el mismo grado de interés luego, ni de preguntar un “¿tú qué tal?”.

Ser persona no es un juego… pero jugamos a ello como si fuera el Monopoly, haciendo trampas, comprando emociones, disfrutando arruinando a los demás, jajajaja que disfrute el Monopoly.

La hipocresía, esa sí que trabaja: llena cubos cada día, que van directos a un agujero negro que no deja de crecer al ritmo del ego colectivo.
¿El sentido de todo esto? No se encuentra. Pero no pasa nada: el sinsentido está de moda, se lleva con cualquier cosa y no pasa nunca de temporada.

Si eres humano, bienvenido a tu propio caos. Si no lo eres probablemente lo entiendas perfectamente.


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