
Este blog quedó en: «aquí paro y aquí me queo», pero no porque no existan los saltos de palabras, los pensamientos que no le importan a nadie, las pausas perdidas, los días errantes o los tóxicos abrumadores que se usan como si fuesen el elixir de la vida… este blog sufrió una parada, parece ser que reversible.
No sé si vuelvo o solo pasaba por aquí para ver si este blog seguía respirando. Después de realizarle una RCP y darle un suplemento de magnesio, se vuelve a poder escribir en él.
Si regreso, será con temas desiguales, divergentes. La vida está llena de incongruencias que se entrelazan, saturada de venenos: algunos en los alimentos, en los potingues que usamos o en las personas que conocemos. Si no las conocemos, nos da igual si reparten tóxicos a diestro y siniestro.
Asimilo que soy divergente. Es que es de garabatillo ser divergente un poquillo (bueno, eso de poquillo es porque rima).
Parece ser que el ser divergente es divertido. Según he leído, es una cualidad en la que piensas por ti mismo, con habilidad para regenerar ideas creativas. El fallo es que puede que nadie las entienda, pero es lo que tiene no seguir una sola línea de razonamiento: se ve el mundo desde perspectivas diferentes. En resumidas cuentas, que no copias, no te dejas arrastrar por las opiniones de los demás… eres la negra en un rebaño de ovejas blancas.
Las personas con esta cualidad tan divergente poseen también su lado plaf plaf fu negativo: se sienten como alguien que no encaja en el puzle de su ecosistema. Así que se trasladan a un ecosistema aparte. Son personas que encienden chispas sin permiso, pero a veces se recatan tanto por sentirse incomprendidas que apagan la chispa antes de que moleste… y eso no se hace.
No iba a escribir nada, y aún no sé si volveré. Por lo pronto, esta entrada es un regreso.
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