
Cuando mueren los dinosaurios, no hay luto, ni estatuas, solo huesos olvidados en la cola de un supermercado, comprando lo que siempre habías querido, lo que más te había gustado.
Pero cuando mueren los dinosaurios, están esperando a ser molidos, como los sueños que ya no caben en ningun sitio.
Dieron su vida entera, sin saber que un día serían estorbos, ruido fósil de recuerdos olvidados, en el motor de un mundo, que cuando eres joven, vas de sobrado.
Fueron trepidantes, como un mechero Zippo, como un cigarro encendido, que no supo en qué momento se apagó la llama y se convirtió en ceniza.
Dinosaurios que fueron fuego. Ahora son vidrio sucio reciclado, que huele a frasco usado, alegría caducada que nadie quiso conservar.
Recuerdos de una vida que nadie ya quiere escuchar, pero éste presente, en tu futuro puede acabar.
Porque otra cosa no merecen esos dinosaurios en esos días acabados… desprecio.
Todo lo dado… olvidado.
Lo vivido… enterrado.
esperando…
¿que?
Abandono. Indiferencia.
Un gesto de saludo: molesta.
Un abrazo: incomoda.
Un beso: estorba.
Una palabra: condena.
Una respuesta: pesa.
Solo queda callar…
y dejar…
Deja un comentario