
Hay que hacer preguntas absurdas, sin importar que nadie las entienda, y si alguien pregunta «¿por qué?» , pues simplemente para hacer divertido un momento. Momentos estúpidos que se enredan y se ponen tenso.
A veces las cosas, las palabras, las situaciones… que no sean perfectas, es lo mejor. Como una pizza con los ingredientes dispares y fuera de lugar: es más divertida, más única y claramente más sabrosa.
Reírse de uno mismo nunca pasa de moda: reírse de esas palabras que se dicen despalabradas. Solo son vocales con consonantes que se las lleva el viento, ese aire en movimiento. El amor no se lo lleva las letras de un abecedario que malamente se han juntado.
El cariño de una vida no se va por frases mal dicha, no se desintegra por unas letras que formaron un desorden. No sé apaga por sílabas, que tropiezan torpemente, con piedras en la lengua sin sentido.
A veces, no nos damos cuenta que lo que rompe el amor, la amistad, las relaciones familiares… no son las palabras que salen del abecedario, sino las ganas de releerlas o escucharlas con el corazón. Porque a veces se escuchan desde la herida, desde la ira, desde la incomprensión… no desde el alma, desde la empatía y eso hace arrasar con vínculos, se confunde dolor con ataque y amor con amenaza.
El ser humano es un ser perfectamente imperfecto, haciendo de eso su perfección.
Qué los puntos y aparte no separen emocionalmente, no cerremos paréntesis que nadie abre, que los signos de exclamación sean de alegría y que los de interrogación tengan hermosas respuestas.
Pero si alguna vez se desordenaron las palabras, si una frase salió con espinas, nunca hay que olvidar: que a veces lo que suena torcido… tan solo son abrazos mal pronunciados.
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