
Yo nunca creí en el día de la madre.
Porque cuando una madre se va,
es cuando de verdad comprendes lo que tenías.
Felicítala todos los días,
háblale, abrázala, escúchala.
No hay joya, ni flor
que valga más
que el sonido de la voz de un hijo cada día.
Ese es el verdadero regalo.
No hay que olvidar que: Las madres no mueren… sólo se esconden para ver si las echas de menos.
Viven siempre en la memoria de los hijos.
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