
Existen personas que entran en una habitación y el aire se queda sin aire.
No es magia, es su energía.
Su incapacidad de callar o quedarse quietas… hace que lo abarquen todo.
Lo triste es que son espontáneas, felices de estar ahí, y no se dan cuenta de que los demás están deseando que se vayan.
Solo son intensas, sin filtros y sin pausa.
La intensidad no viene del ego.
A veces viene de algo no digerido, de afecto demasiado desmesurado, esperando lo mismo que nadie prometió.
Esas personas dan el corazón con recibo incluido… y sin garantía.
Dan consejos que nadie pidió, y los repiten por si no han sido oídos.
Si eres una persona con esas cualidades, no cambies: eres perfecta. Se te ve venir, y viniendo, ya alegras.
Lo confuso es cuando alguien parece perfecto, pero esconde su verdadera personalidad fingiendo ser solo «buena persona».
Me iba a despedir con un consejo para el cabello (soy peluquera), pero nadie me lo ha pedido ahora.
En la próxima entrada.
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