Sueño de un juicio incoherente de verano… aún no es verano.

Juez: La licuadora, por su capacidad de triturar sin emociones.
Acusada: María Mayoral, por romper cosas inanimadas para no romper cosas animadas.
Fiscal: El cubo de la basura, el que huele a olores culpables de cosas que no se tiran en él.
Abogada: La escoba voladora, posee la capacidad de recoger, hacer pedazos y actuar como si no pasara nada.

Juez licuadora:
—Se ruega silencio en la encimera. No estamos aquí para hacer un asesinato con las zanahorias, sino para juzgar los extraños acontecimientos de un día por la mañana, cuando el móvil cayó desde la azotea, culpando la acusada al perro Pato.
¿Está presente la acusada?

Escoba abogada:
—Mi cliente está descansando, está soñando con este juicio. No quiero despertarla, pues se acabaría esta obra maestra. Mi cliente piensa que habría cosas que se podrían haber hecho bien, pero acertó: las cosas se pudrieron, efectivamente se pudrieron las cosas que se podrían.
Pido paciencia y que se le permita seguir durmiendo.

Cubo de la basura fiscal:
—¡Protesto! No se da cuenta de su crimen para dormir sin cargos de conciencia. Ese móvil apenas tenía meses de vida. Y se ha omitido el romper el plato verde; ese plato tenía una carrera brillante sirviendo gambas al ajillo.
La acusada es peligrosa: mata y acusa al perro Pato.

Escoba abogada:
—¡Protesto! El móvil hablaba incoherencias, tergiversaba las palabras de los interlocutores. No transmitía las verdaderas conversaciones, hablaba incoherencias o hacía el vacío.
Tengo pruebas de que el móvil no salió de la fábrica de teléfonos, salió de la consulta de un psiquiátrico: había sido sometido a una terapia defectuosa y quedó peor que cuando ingresó.
Y el plato… el plato era verde y cuadrado, motivo suficiente para hacerlo pedazos.

Testigo 1: El perro Pato
—Yo siempre subo a la azotea con María. El móvil se lo estaba buscando: decía palabras que parecían graznidos de cuervos. Era un móvil inexpresivo y sin sentimientos.
Lo tiré sin querer, pero era chatarra de suicidio.

Testigo 2: El espejo dorado
—Cada día la veo, y no la veo capaz de romper ni tirar. (Me ha prometido que volverá a darme un baño dorado). Es estupenda y sus modelitos me encantan.
La adoro. (Volveré a ser dorado).

Testigo 3: El marido
—Me abstengo de declarar. Sólo hago feliz a la acusada friendo patatas.

Testigo 4: La cafetera de cristal
—María es inocente. Quien hace un café moliendo el grano natural, sin conservantes ni colorantes, es una persona que tiene la cabeza bien puesta. No como esa cafetera italiana del marido que hace café ya molido, empaquetado en un vacío sin sabor inundado de químicos.

Silencio. La acusada despertó y aún seguimos soñando.

La acusada:
—Lo admito. Rompí el plato, no fue por accidente, fue por amor al arte. Quería ver cómo quedan los pedazos de algo que se rompe y no soy yo, quedó hasta bonito to. El móvil se suicidó, Pato lo ayudó. Era un móvil psicópata y mal hablado. Puede que yo también lo incitara, pero no lo lancé al vacío. Me quedé con las ganas.

Veredicto:
Inocente. Demasiados actos intensos a su alrededor en una persona intensa sin válvula de escape, la descalifico como olla express.

—¡Por supuesto que soy inocente! Y ahora, una inocente despierta.
Señor juez licuadora, ¡a callar! que te voy a meter zanahorias.
Tú, cafetera de cristal, a hervir agua, que el café lo quiero ya mismo.
Amado esposo, ¡tú a pelar y freír patatas!
¡Tantas tonterías, para empezar el día!


«Las cosas vienen tal cual. No se puede cambiar lo que se piensa ni durmiendo, ni soñando… y mucho menos despierto. Porque lo difícil no es pensar las cosas sino soñar con incongruencias como si fuese verdad»

Incluso en los sueños (donde todo es libre y absurdo) terminamos creyendo cosas sin lógica como si fueran reales.

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