¿Se te atragantan las lentejas?

¿Qué estás masticando sin darte cuenta?

A veces no es el potaje… son los condimentos que mezclas por dentro.
¿Te cuesta tragarlo aunque le pongas colores?

Tal vez no sean lentejas.
Tal vez es esa mezcla de sinsentidos, rutinas, silencios tragados o aliños vomitados.
Existen personas y personas. Algunas son así, y otras son asao, pero no pasa nada.
Uno no es responsable de comportamientos que no puede cambiar, porque al no ser uno mismo mismamente, no lo puedes cambiar.
Pero puedes ser feliz con unas lentejas… que si quieres, las comes, y si no, las dejas.

Lentejas de las que te comes:

Abres un paquete. Si tienes muchas ganas de ellas, abres uno de un kilo.
Las colocas en una olla y les echas agua hasta que se cubren y se ahoguen.

Un buen chorreón de aceite de oliva del bueno, ese de envase de cristal.
Pimentón dulce y, si quieres darle vidilla, lo mezclas con pimentón picante y una punta de guindilla. Si quieres llegar al nivel Dios, ponle la guindilla entera. Tú no te cortes: de las lentejas al cielo-infierno rebujito.

Cebolla picaita, pequeñita. Si no tienes paciencia, se la echas entera.

Una cabeza de ajo, y los machacas. Ya se sabe eso de piedra machacar ajos, ajos que machaca la piedra.
El ajo queda machacao.

Y ahora a por un montón de cosas bonitas:
Una hoja de laurel, que aparte de sabor, pa’ los gases buena es.
Comino, que aunque se diga me importa un comino, él es el prota de los potajes bonitos.
Pimienta, la que te revive sin que te mienta.
Clavos, no los del cuadro.
Cúrcuma, la que to lo cura.
Jengibre, el que te sube las defensas y te deja libre.
Nuez moscada, no me refiero a que mosquees una nuez.

Chorizo, morcilla… que la expresión que te den morcilla viene de la Edad Media, cuando querían asaltar un castillo, acampaban a su alrededor días y días, y los del castillo les tiraban morcilla envenenada.

Panceta, y si quieres, un buen hueso de jamón, que es el potenciador de sabor natural.

La pones a fuego fuerte y, cuando comience a hervir, se lo bajas. Las lentejas son el potaje que más habilidad tiene para quemarse en el fondo de la olla. Tiene malaje.

Vas moviendo de vez en cuando.
Lo vas mirando.
Si se queda seco, lo riegas con agua.
Con paciencia, cariño y amor… que no se quemen y lloren de dolor.

Anda, igual que con las personas.

No le agregues sal hasta que no estén tiernas… pero antes, las pruebas.

Si agregas sal antes de probar y ya están salas, las tendrás que tirar o pa las gallinas, pero que no falte el agua.


Moraleja:

A las personas, como a las lentejas, no se les echa sal antes de tiempo.

Todos los días agüita fresca así el corazón late con alegría y sin pereza.

Si se deja en el fuego y no le haces caso, se quedan en el fondo quemadas, pegadas, tristes y oscuras… si, la olla también la tendrás que tirar.
Y si no las quieres comer, no las ilusiones con que las vas a comer rico.

Las lentejas tienen corazón.


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