
Ya se sabe: carne picada de cerdo, ternera, pollo, pavo… o de lo que más te apetezca.
A esa carne le agregas huevos, pimienta, perejil, cilantro, ajo y cebolla picaíta.
Y pa’ que sosa no esté, sal con moderación pa’ darle emoción.
Se hace la masa, pa’ cá y pa’ allá, hasta que le das la forma de la hamburguesa,
la de toda la vida, la que une, la de Ohana, la de la familia.
Candela. Vuelta y vuelta. En sartén, barbacoa, o donde te pille y te sea más cómoda.
La pones calentita, su queso fundido, su huevo frito, bacon, lechuga, tomate… lo que te dé la gana.
Eso es una hamburguesa.
Cuando mis niños eran chicos, yo les hacía las hamburguesas caseras, las que valen la pena,
y para redondear la ilusión… les ponía un regalito en la mesa, como si fuera una Happy Meal de esas de un McDonald’s, pero estás hamburguesas no eran cualquiera.
Pues la hamburguesa era hecha por la mama,
y el regalo lo compraba yo misma mismamente, mientras que en el colegio ellos estaban.
Eso es amor. Que bonito. Del que va más allá. Del infinito. Del que alimenta el corazón… con cada mordisco un latido.
Esas eran hamburguesas de cualquier día que se convertía en fiesta.
Ahora, si hay una barbacoa con cantidad de gente…
pues más huevos y pan rallado.
Hartas a los invitados de cerveza, y no se enteran de que la carne se ha emborrachao y ha faltado.
Pero las que les hacía a mis hijos eran hamburguesas de pecado,
más buenas, imposible, de ilusión que ilumina más allá que el paladar, ilumina el alma del estómago. Que por cierto en el estómago tenemos neuronas, para eso se le llama el segundo cerebro. Contiene un sistema nervioso propio con millones de neuronas, que se comunican al cerebro a través del nervio vago, será por eso el estado de ánimo se nota en el estómago, no son mariposas, son neuronas que sienten los sentimientos.
Sigamos con la hamburguesa porque… jamás una hamburguesa ha dado tanto amor.
No siento decir la verdad y a la mimimi… las comerciales, que es un sucedáneo erróneo de plástico relleno de glutamato, con sabor a una carne que no existe, envuelta de aderezo químicos procesados.
Hamburguesas…
Feliz día de la hamburguesa y que mis locuras del regalito no caiga en el olvido.
¡Anecdota Anécdota!
Aún las hago… hamburguesas de pecado.
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