La vida es lo que vivimos, no lo que otros digan que hemos vivido.

Las madres: ese incordio que te salva la vida

Las madres son esas personas que están ahí, detrás de ti, incordiando.
Diciéndote lo que tienes o lo que no tienes que hacer.
Esas que lo miran todo con lupa.

Que no son perfectas, pero quieren la perfección para sus hijos.

No existe otro motivo ni otro trasfondo que el deseo de que sus hijos sean los mejores para una vida, una existencia en la que no valen los mediocres.
No valen los que quedan bien si no consiguen lo que queda bien.

Hay quienes se atreven a opinar sobre tu vida como si la hubieran vivido y pisado.

Solo cada cual sabe lo que se ha vivido, lo demás son relatos prestados, versiones ajenas… y ninguna versión ajena es verdad completa.

En este mundo no existen los malos ni los buenos.
Existen los que llegan lejos y los que no.

Cuando se juntan dos culturas, no es una balanza: es una forma de crianza.
Y en ese cruce, también aparecen los que juzgan.

Algunos manipulan y ponen en duda lo que es la vida real, lo que es correcto, y piensan que ellos jamás lo harían.
Otros no manipulan: han experimentado lo que es sobrevivir a la vida real, no a lo que se supone que es políticamente correcto.
Y no es que hayan sobrevivido por seguir normas, es que han vivido de verdad.
Los que no lo han hecho no sobreviven: solo juzgan desde fuera una vida que no han vivido, y se escandalizan por lo que no entienden lo que otros han conseguido a pasos de saber vivirlo.

Mi madre estaba muy pendiente de mí, y yo totalmente agradecida.
Si no hubiese sido por ella, no andaría como una bailarina con la espalda erguida.
Me diagnosticaron escoliosis, que habría terminado dejándome encorvada perdida si ella no se hubiese puesto seria y severa conmigo cuando era chica, repitiéndome mil veces: ponte derecha y llevándome mil veces a rehabilitación. Me enfade con ella mil veces mil.

Agradezco a mi madre todo lo que soy. Sin ella, no sería.

Y tú, ¿qué harías sin esa figura que parecía exagerada, pero que en el fondo te sostuvo cuando tú ni lo sabías?
Tal vez hoy la ves con otros ojos. O quizás no la soportes.
Tal vez la vida te hizo entender que detrás de cada incordio había amor, del de verdad, del que no se grita pero se siente en la espalda recta, en los pasos firmes, en lo que eres sin darte cuenta.

La vida es lo que vivimos no lo que otros digan que hemos vivido.

Vive. Y deja que hablen. Porque hablar es gratis, hablar desde la ignorancia fácil.

Pero saber vivir bien pocos saben.

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