
Vaya, no pensaba dar consejos… pero alguno suelto para matar la mala hierba. Aunque, en el fondo, a veces es tan bonita… que hasta da penita.
Cuenta la leyenda que la hierba posee más constancia que muchos humanos.
Tú la quieres eliminar, le echas sal, vinagre, fuego, agua caliente… y vuelve.
A algunas personas solo les dices una palabra que no encaja, una indirecta suave, un lapsus de un momento, respirar… y no regresan jamás.
Luego te hablan de raíces, vínculos, amistad, de eternidad…
Y es que las personas se la cogen con papel de fumar.
Pero la única que brota siempre, sin rencores, sin hacer dramas, es la hierba.
Y si es mala hierba, siempre aparece más frondosa, fuerte, exuberante, potente… enredándote y queriéndote más, sin importar lo que diga la gente.
La hierba crece hoy,
crecerá mañana
y también pasado…
A no ser que la mates
con vinagre y sal… si no eres constante y no te agotas
siempre brotan.
Las personas también brotan,
de mil maneras de brotes…
y si siguen con esos brotes,
ya no hablamos de hierbas.
También existen los cactus,
con sus infinitas púas,
con corazones de chumbera…
aunque es más divertido
de rumbera.
Quizás se necesite un traductor para esto entender,
pero lo que sí es verdad es que… La hierba es testaruda. Nosotros memorables.
Cuando morimos, cuando nos quedamos sin aliento… y es que podemos ser super verdes, sí, pero no tan perfectos como esa hierba persistente que no muere ni con agua caliente.
Nos vamos con un suspiro torpe, y tan imperfectos, que ni el suelo nos quiere brotar de nuevo.
Deja un comentario