
Últimamente parece que los sentimientos no se sienten, se diagnostican.
Si estás muy sensible: TLP.
Si te afecta el silencio de alguien: CODEP.
Si preguntas todos los días cómo ha amanecido alguien: TOC afectivo.
Todo tiene siglas.
Todo tiene explicación.
Todo, menos eso que no se ve pero se clava.
Vamos a suponer una escena.
Un hijo deja de ver a su madre.
Un día. Otro. Semanas. Nada.
Ni un “estoy bien”, ni un “respiro”, ni una señal de humo.
Silencio total.
La madre,
le hace saber que eso le duele.
Le dice:
«me gustaría un ¿Ey como estás? un ¿Como se ha amanecio?»
Y entonces, con la empatía emocional de una piedra en una lavadora,
el hijo le responde:
— Eso no es normal. Tú quieres control.
Ah.
Control.
Claro.
Qué clásico.
Querer saber de tú hijo
es claramente una señal de trastorno.
Seguro que esa madre ya presenta:
- Síndrome de Wendy no diagnosticado
- Trastorno de personalidad fusional
- Amor mal gestionado con alta toxicidad pegajosa
- Y por supuesto, celos neuróticos de la pareja del hijo.
Con suerte no ha sido ingresada en un psiquiátrico… aún. Porque ahora los gestos normales se convierten en síntomas,
y el cariño constante se mete en el mismo saco que el desequilibrio emocional.
Pedir un «buenos días» o «como has pasado la noche» ya no es ternura: es control.
Echar de menos, es una dependencia.
Sentir, es un problema.
No es que ella quiera atención.
No es que no tolere el silencio. Es que a veces, el silencio se parece demasiado al abandono, y hay días en los que cuesta diferenciar uno del otro.
Pero claro… eso no encaja en las siglas.
Porque «amar sin medida y sin drama» no tiene entrada en el manual clínico.
No se receta.
No se factura.
No se entiende.
Y aún así, esa madre sigue ahí.
No para controlar.
Sino para no desaparecer.
Si llora, la diagnostican de martil.
Si sonríe, finge.
Si habla, agobia.
Si calla, manipula. Si quiere, falsa.
Entienden lo que quieren.
Qué cosa, ¿no?
Al final, resulta que el mayor trastorno…
es seguir queriendo.
¿Y sabes lo peor?
Que ni siquiera quiere que la entiendan.
Solo quería saber si su hijo había amanecido bien.
Y ni eso.
Diagnóstico final:
Ser madre.
Crónico. No se cura. No da tregua.
Y a veces duele más que cualquier enfermedad real.
Hoy he hablado de esto, pero podría haber hablado de cualquier otra cosa… porque sinceramente, ya está todo tan etiquetado que no se sabe ni por donde cogerlo.
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