¡Guapa!… Sacudidas que te alegran el día.

Una vez me fijé en un post donde se explicaba que los piropos bonitos son los que exaltan la inteligencia, el fondo de la persona, el buen corazón.
Pero de eso se habla cuando conoces a alguien, no a un desconocido por la calle a simple vista.

Supongamos una escena:
Vas paseando, y ese pedazo de obrero del gremio de la construcción te grita desde el andamio:

— ¡Oleeé qué inteligencia más buenorra!
— ¡Arsaaa los buenos corazones!
— ¡Pedazo de cerebro pa’ pensar!

Sinceramente… no lo veo.

Pienso que los piropos no deberían extinguirse como los dinosaurios.
Y si alguno es subido de tono, pues se usa el dicho: «A palabras de sentido incoherente la trompa de Eustaquio se mantiene en letargo permanente», o algo más sencillo:
“A palabras necias, oídos sordos.”
Que nadie se rompe por un piropo mal sonante. Y menos cómo va el mundo.

Otra escena:
Sales de tu casa, del trabajo… da igual.
Vas en tus pensamientos, quizá en algo triste, aunque parezcas feliz como una perdiz.
Y de pronto escuchas:

— ¡Oleeé las mujeres bonitas!
— ¡Esos ojos los quiero pa’ faro de mi coche!

Y mil tonterías más. Pero te hacen reír.
Te sacuden del pensamiento triste como una corriente de risa.
Y piensas:
«¡Qué bonito to!»

No miremos todo con lupa.
La vida son tres días… y casi siempre el del medio está lloviendo.
Que esa lluvia no sean lágrimas.

Cada persona es un mundo, a veces dos, y todas tienen su universo.
Nadie lo vive como ella. Nadie lo entiende.
Solo ella ha sabido lo que hacer ahí dentro de su vida.

Así que:

Digámonos piropos. Riámonos más. Y no busquemos tantos quebrantos a las cosas que simplemente… no entendemos.

¡Que bonito!

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