
Vas por la red y te vas encontrando a los psicólogos de turno, dando esos sabios consejos de quererse, soltar, dejar ir…
Todo está muy bien explicado.
Pero, ¿alguien ha pensado que, con tanto psicólogo por doquier practicando el «dejar ir», esos consejos de tú primero, nadie más, ámate mucho… los escucha todo el mundo?
Los escucha el que te quiere, el que te odia, el que quiere dejarte ir y el que quiere quedarse contigo porque te quiere.
Y claro, cada uno que los escucha se pone el traje de víctima, aunque sea el verdugo.
Y así, con tanto “déjalo ir”, ya nadie se queda. Ni siquiera los que valían la pena.
Y al final, el que siente de verdad,
termina pidiendo perdón por haber amado tanto.
El que se quedó, se va en silencio.
Y el que se fue, se justifica con razones que aprendió de memoria.
Todos se protegen con excusas bonitas.
Pues todos se sienten aludidos.
Todos piensan que las personas que sobran son las otras.
Ninguno ve que es uno mismo el que lo está haciendo mal.
Resulta muy fácil decir «me quiero yo, solo yo, y tú no me vas a estorbar».
Pero amar también es intentar querer lo que se odia de la otra persona.
Porque amar de verdad no siempre es fácil ni bonito.
Muchas veces es aceptar lo que nos duele, lo que no entendemos.
Es abrazar a esa persona que nos hace perder la paciencia por su forma de ser, pero nos quiere y la queremos.
Eso es amor.
Deja un comentario