
Cuenta la leyenda que existió un tiempo ya extinto…
Un tiempo en el que, si alguien quería saber de ti, te llamaba por teléfono. Un teléfono de los que se usaban por interés de verdad hacia la otra persona, no por aburrimiento.
Había menos medios de comunicación, pero más ganas de comunicarse.
Llamabas, te sentabas y conversabas, pues el cable no daba pa’ más.
Un tiempo en el que nadie le hacía fotos a su desayuno, ni trataba de demostrar una felicidad a miles de desconocidos con los que, posiblemente, no compartirías ni un vaso de agua.
Las emociones se sentían; ahora se suben.
Se vive para fotografiar y grabar.
Disfrutar es editar.
Todo se convierte en pose de catálogo.
La felicidad, de 15 segundos, con música de fondo.
Y si no hay foto… pues no estabas.
Se está formando una nueva especie de humanos que solo recuerda lo que ha fotografiado.
Antes se enseñaban las fotos a la familia.
Ahora prefieren enseñar las fotos a miles de desconocidos, pero si un familiar cercano les pregunta qué tal… se lo piensan el contestar pues es su vida e intimidad.
Ahora se levantan visillos digitales para espiar vidas ajenas.
No por cariño, sino por cotilleo, juicio fácil y, en muchos casos, con la esperanza de que al otro le vaya peor que a ti.
Todo el mundo tiene voz, pero nadie escucha.
Y cuando alguien dice algo sincero, lo tachan de antisocial.
Vivíamos sin encuadre de exposición.
Y salías… playa, patines, bicicletas, paseo marítimo, restaurantes, bares, zoológicos, senderismo, cabalgatas, procesiones, cumpleaños, fiestas… judo, ballet, parques, campo, travesuras, noches de películas, madrugones…
Pero no hay foto, y según ese nuevo criterio, no ocurrió.
Es lo que tenían las cámaras con carrete: después revelabas y más de la mitad de las fotos eran borrones alienígenas difíciles de descifrar.
Nos deslizamos por donde reina la hipocresía, con sonrisas de anuncio y emociones de rebaja.
Pero bueno, lo importante es que lo subas.
Aunque no lo sientas.
Y si lo sientes, que se vea con buenos ajustes.
Mientras parezca bonita la foto, qué más da si ese plato de croquetas no tiene bechamel por dentro.
Y si un día te mueres de verdad, muérete con tranquilidad, porque alguien subirá una frase bonita con un emoji llorando y el clásicamente mítico:
“Vuela alto, ser de luz. Besos al cielo.”
A lo mejor quien está volando alto solo quería un beso en la mejilla.
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