Monólogo de una rana en la piscina…

La vida es un círculo, pero no uno zen de esos que inspiran paz y equilibrio. No, no… es más bien un hula hoop del demonio que te da en la frente cada vez que crees que ya entiendes cómo se baila.

Imagínate una escena como ejemplo clásico: hoy eres hijo. Traducción: rebelde con o sin causa (o te las inventas), súper listo, que has llegado solito a donde estás porque naciste hasta arriba de autosuficiencia (jajaja, a mí pensar, eso me parece tener mucha cara que algunos piensen eso).

Generación que lo que más se piensa es que los padres no tienen ni idea, que no saben nada de la vida… Los padres se llegan a preguntar cómo han llegado a mayores sin la ayuda de los hijos.

Esos padres se pierden en bucles psicodélicos de pensamientos increíbles de cómo han sacado a sus hijos adelante: sacándolos de problemas, ayudando en su formación para que lleguen a ser adultos con posibles.

Y esos padres ahora son unos coñazos que quieren estar presentes en la vida de los hijos… ¿¡Pero qué se habrán creído!? Porque los hijos, si no están trabajando, están haciendo cosas tras cosas y, por supuesto, con sus parejas, con sus amigos; y claro, eso siempre es más divertido que con los que han dejado la vida, la juventud y la sangre en sus personas…

Pero mañana… ¡¡Pum!! Va a ser que tú eres padre. Y tus hijos te miran igual que tú los mirabas a ellos: como si fueras una tele vieja de esas que había que golpear para que se viera algo.

Y ojo con las suegras. Hoy eres la nuera lista y moderna, que critica en silencio o no: “Pfff, lo que mi suegra hace yo no lo haría” o “qué vergüenza cómo es…”. Y mañana… ¡tachán! Te levantas y te encuentras con que eres la suegra oficial de tu familia. No te escapas: si quieres ser madre, prepárate, que serás suegra (eso si tu hijo no te sale un cardo borriquero que no lo quiera nadie).

Así que ser suegra es un premio de que tus hijos valen, y ese puesto es como ser funcionario fijo: de por vida y con críticas aseguradas, seas buena o malvada. Si eres buena suegra, seguro que tergiversan tus palabras para que seas mala… Parece ser mejor ser malvada de primera para que no inventen.

Lo mejor de todo es la juventud. Esa etapa en la que uno se cree sabio, dueño de la verdad absoluta. Sí, sí… disfruta, porque todo lo que ahora haces con tu prepotencia juvenil te lo devolverán luego tus hijos en versión doblada, gritona y sin subtítulos. Y encima sin interruptor de apagado.

La vida es un teatro. Hoy eres el protagonista; mañana, extra que entra en escena solo para que le digan: “¡Mamá o papá, cállate carajo!”. Eso sí, todo con mucho amor, claro.

En resumen: pasa de tus padres, haz de menos a tu suegra, presume de ser distinto… que la vida ya tiene preparado tu paquete de venganza generacional. Con envío exprés y sin devoluciones.

No, no es Amazon.


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