Día de Todos los Santos VS Halloween…

To Santo siempre traía el mismo aire: un silencio distinto, espeso, como si las almas anduvieran más cerca.
Las velas, los ramos de flores en el cementerio… y por la tele, Don Juan Tenorio, ese eco de versos y fantasmas que en octubre despertaban.
Esa tarde el cielo estaba del color del plomo, y el viento golpeaba las ventanas con aplomo.
Con mis hijos, veíamos una película de miedo mientras comíamos castañas asadas, boniato y huesos de santo de esos bien rellenos, ahora vienen secos.
La casa a oscuras, con velas, brujas y calaveras, queríamos pasar miedito y estábamos agustito.
Y entonces… sonó el timbre.
Un timbre largo, insistente, inesperado.
No esperábamos a nadie.
Miré a mis hijos: no habían dejado de masticar.
Solo se oía la respiración y la pelicula de miedo… «Poltergeist»
Me acerqué al pasillo. La luz parpadeó justo cuando pasé bajo ella.
Miré por la mirilla… y sentí como una mano fría subía por las pantorrillas.
Una figura negra se movía frente a la puerta, encorvada, sacudiéndose, casi retorciéndose.
Su sombra se estiraba por el suelo, temblando como resucitando.
No hablaba, solo murmuraba algo que no entendí.
De pronto, una voz, apenas un susurro:
—Abree… abree Mary…
Retrocedí un paso.
El corazón me latía como un rockero tocando la batería.
El timbre volvió a sonar. Un golpe seco de unos nudillos. Otro.
Y otra vez esa voz, más nítida, ansiosa, desesperada.
—Abre, Mary… coño.
Mis hijos se habían levantado del sofá, inmóviles detrás de mí… sin dejar de masticar.
La película seguía sonando de fondo, con gritos y música asustante, era la parte en donde la protagonista cae en la piscina con los esqueletos flotantes, (un día leí que los esqueletos no eran de atrezzo).
Por un momento, un ojo chocó con el mío en la mirilla.
Es algo que por un momento me temblaron las canillas.
Entonces, la voz cambió:
—¡Mary! ¡Mary es para hoy! ¡Soy la vecina!… y amiga UAAAJAJaJaaaa
En ese momento la reconocí, la vecina y amiga profesora de inglés nativa.
Respiré. Pero el miedo no se fue, pues la sombra con el baile de San Vito, seguía con sus espasmos en el descansillo.
Abrí la puerta despacio.
Y lo que vi me hizo soltar una carcajada que se confundió con uno de mis gritos terminado en risa desquiciante que no hay quien la aguante.
Delante de mí, la figura deforme era un chaval disfrazado de jorobado, y detrás venían más: monstruos, brujas, y hasta un espantapájaros…
Mi vecina reia como una americana con su truco o trato…
—¡Halloween! —gritó—. ¡ A disfrazarse! ¡Venga venga que nos vamos a la calle jajaja!
Sin pensarlo así lo hicimos: a mí hija la convertí en bruja, a mí hijo en payaso con peluca y yo aun no sé definir en qué fue.
Salimos a la calle con el viento, riendo como locos en movimiento, asustando a los que se atrevían a mirar y los que no se atrevían cambiaban de acera enseguida.
Se puede decir que Halloween apareció por La Laguna de Cádiz como una innovación inesperada, un juego entre lo santo y lo profano que nadie planeó y fue divertido, con mucha locura y alegría, de ver cómo mis hijos reían saltando, en aquella tarde que pasó del miedo a la risa, un buen rato.
Esa fue la primera vez que Halloween le dio una patada en el culo al día de Todos los Santos, To Santo para los amigos, pues resultó muy… pa divertirse.
Una parte de mí espera volver a ver esa sombra negra por la mirilla, disfrazarse y asustar… pero el tiempo pasa y los buenos momentos se olvidan como si nunca hubieran existido, ni pasado, quedan lapidados en el muro del tiempo enterrado y sepultado… que alegre me ha quedado.
Se acerca la fecha de los fantasmas del pasado. Miraré por la mirilla… puede que alguno venga y me lleve a su lado.
Sin truco y sin trato.