Existe una verdad que con las prisas de la vida, muchos pasan por alto.
Una verdad sencilla, pero puede pesar y pasar más de lo que parece…

Cuando crezcas y tu madre sea mayor, recuerda una verdad incómoda:
a veces un “buenos días” es lo único que separa su día de sentirse querida o sentirse sobrada.
Puedes llamarlo diálogo de besugo… qué fácil.
Pero no se te ocurra olvidar que tú pasaste años enteros sin pronunciar ni una palabra con sentido, babeando, llorando, pidiendo sin pedir,
y aun así ella te entendía como si te hubiera traducido el alma.
Ella descifró tu hambre, tu fiebre, tus miedos, tu sueño y tu rabia
mientras tú no sabías ni sostener la cabeza.
Ella supo todo de ti antes de que tú supieras siquiera quién eras.
¿Y ahora?
Ahora creces, tienes vida, tienes amigos, tienes prisas, tienes excusas…
Y tu madre, que un día fue la que sostuvo tu mundo, ahora depende de un saludo para sentir que no está de sobra en el tuyo.
Duele pensarlo, pero es así:
ella te dio amor sin condiciones cuando eras el ser más querido del mundo.
Y ella, esa persona sigue ahí esperando lo mínimo.
Sería devastador que ahora, que ella empieza a flaquear, seas tú quien calcule cuánto darle.
Porque si hay algo verdaderamente cruel, es esto:
cuando tú no sabías nada, ella estuvo en todo.
Y cuando ella empiece a repetir o saludar seas tú quien desaparece…
Tu indiferencia quien la derrote.
De perdidos al río, al menos que sepas quien eres.
Impresionante!! 💯🏆🎉
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es lo mejor que he leído hace tiempo 🖤👏🏻👏🏻
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