Manual sin instrucciones.

La paz mental son dos palabras que últimamente están en todas partes.
Aparecen sin buscarlas: en titulares, consejos, publicaciones, discursos cotidianos.
Se invita a alcanzarla mediante ejercicios, trucos, rutinas, métodos que hay que seguir —o evitar— para lograrla.
Como si la paz mental fuera una meta accesible a cualquiera, independientemente de cómo piense o de cómo lo traten los demás.
Pero la salud mental no es un juego.
Existen personas con una fortaleza mental casi sobrehumana.
Personas que viven auténticas pesadillas y aun así se levantan cada mañana pensando que será un buen día.
Eso no es técnica: son ganas de vivir.
Y también existen casos en los que la salud mental se ve seriamente afectada.
Personas que sienten que todo gira en torno a ellas, que cualquier palabra es un ataque, que cualquier gesto es una intención oculta.
Ahí ya no hablamos de sensibilidad, sino de un problema real.
Un problema que no solo afecta a quien lo vive, sino que arrastra a su entorno:
relatos de conversaciones que no han existido, interpretaciones que se dan por ciertas, conflictos construidos sobre percepciones irreales.
A menudo se dice que la salud mental consiste en proteger la mente de otras mentes.
Pero también consiste en algo igual de importante:
entender que no todo lo que se dice va dirigido a uno mismo.
No todo se arregla peinando la mente.
Hay días en los que la cabeza está despeinada… y sigue siendo humana.
Realmente da que pensar, muy interesante.
Mateosib50
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