Tropiezos al día, mierda y una calavera

Por mucho que te guste un día, nunca se repite igual. Cuando un día sale perfecto lo guardas como si fuese un reserva de siglos de antaño embotellado.

Pero no, cuando aparece ese día magico, en esa estadística que sale bien, suena esa voz tonta y feliz con la típica frase: «¡Tenemos que repetirlo!» Y sí, se puede intentar, pero puede que no sepa igual. El día perfecto, el momento exacto, tiene fecha de caducidad.

Los días dependen de muchos factores que no te consultan. No piden permiso para presentarse: amanece, llegan, te sacuden… mientras tú te preguntas si el universo te odia o te ama.

Si los días se repitiesen, seríamos expertos en sortear desgracias:
—Uy, aquí me tropiezo, aquí me buscan, aquí son muy pesados, aquí hace calor, aquí hace frío, aquí no voy, aquí me da la alergia…

Si los días fueran repetidos, reaccionaríamos con la indiferencia perfecta ante las palabras sin sentido de los idiotas de turno… Pero como no se repiten, nos pillan contestando sin filtros, sin anestesia, incapaces de mordernos la lengua.

Si los días fueran repetidos, aprenderíamos a esquivar los tropiezos con la elegancia de un puto ninja.
Pero no: nos caemos por sorpresa… y a veces con estilo.

Días copia y pega no existen. Si no, estaríamos clonando los días buenos, suprimiendo los malos… y de paso a algún que otro personaje.

La existencia es eso: un campo donde florecen preciosas margaritas, pero que a veces es un campo de minas de mierda.

Y si no se viviera, no disfrutaríamos de esos días maravillosos que eclipsan cualquier día tenebroso.

No te intoxiques con días malos, porque acabarás con un vinagre emocional que te impide saborear los buenos… aunque te tiren confeti dorado.

Reír con cápsulas atragantadas de felicidad, bailar con llanto… Todo en una balanza de oro, que tu mente intenta equilibrar, mientras la vida te regala limones… y sin una coctelera a mano.

Existen muchos factores, muchos. Que un día salga mal no depende de ti, por mucho romero que quemes o afirmaciones positivas que le tires al universo.

Los días vienen con agenda propia y manual de instrucciones… pero en chino mandarín. Ventaja para los chinos.

Y sí, hay que aplicarse el cuento. Ese en el que tú haces de protagonista, bruja, villano, narrador… princesa que manda al príncipe a ver el fútbol y se va con las brujas a pasarlo bien.

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