¡A por la capa de invisibilidad!

Resulta que ahora hay una palabra muy moderna: ghosting. Que no es más que desaparecer sin despedirse, así, con un “¡Zas!” y capa de invisibilidad con cero contacto incluido.

Lo curioso es que no hace falta ningún conflicto previo, ni peleas, ni discusiones. Tú tan feliz, con tu contacto genial, hablando como si ya fuerais amigos… familia de toda la vida y… ¡Boom! De repente, un día, notas algo raro, distante. Waseas, llamas… y te responde con un muro de hielo, pero de esos con ladrillos congelados que ni con hoguera derrites.

Y claro, uno se queda pensando y todas esas neuronas asociadas al raciocinio se agotan. Quizá ni siquiera va contigo, quizá escuchó algo de otro y te metió en el saco del desprecio, así, gratis. Porque sí.

Desde su egoísmo emocional, se retira sin más, sin pararse a pensar en el impacto que genera. Y así, con toda la naturalidad del mundo, la frialdad se instala en los vínculos: pareja, familia, amigos… ¡Toma evolución humana!

Pero, perdona… ¿desde cuándo vínculo rima con frialdad? Vincularse es presencia, comunicación, humanidad… no anonimato y vacío.

El que desaparece se queda tan ancho, pero el que se queda atrás vive un duelo raro: la persona está viva, sí, pero te mira como si fueras un muerto. Y encima intentan hacerte creer que la culpa es tuya.

Todo esto está clarísimo, como líquido verde en botella negra. Y lo peor es que no es un caso aislado: cada vez pasa más, como si fuera una plaga de moda.

Antes simplemente se decía: “Huye como un cabrón sin explicación”.
En fin, ahora lo llaman ghosting… es lo que tiene la evolución.
Palabras raras para confundir mejor.

Y como sigamos así, para nombrar las gilipolleces que hacen los humanos se usarán conjuros de Harry Potter.
¡Malote Minimorun! ¡Bonachonun Dudosus! ¡Idioticus Plenus!

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