Cuando la única respuesta sensata es la más simple.

Vamos a suponer que me pongo a pensar, y dando vueltas sin sentido pienso y repienso.
Voy repitiendo en el pensamiento los actos o situaciones que se van desarrollando a lo largo del día, una y otra vez, y más cuando algo no ha salido bien.
A veces se hacen y se dicen cosas que te dejan divagando, y llegas a la conclusión de que existe un fallo en tu engranaje cerebral y que tus neuronas están en una feria donde no se bajan del Tío Vivo ( Tío Vivo, claro que sí, no soporto la montaña rusa, la española tampoco).
Miras paseando por la red y, sin buscar, te encuentras tantos diagnósticos con los que califican nuestros comportamientos, fallos, manías, costumbres, impulsividad, reacciones, actitudes…
La mayoría vienen envueltos en siglas que parecen un baile del abecedario: TDAH, TOC, TLP, TAG, TEPT, TEA, DEA…
Una tómbola festivalera de letras donde lo difícil no es saber qué tienes, sino descifrar si realmente significa algo.
Si no encajas en una, tranquilo, que siempre habrá otra esperando con su prospecto de pastillas bajo el brazo.
Al final, uno ya no sabe si está leyendo un manual de psicología o intentando resolver una sopa de letras.
Aunque no te creas nada de esas letras, te puedes quedar pensando que algo de eso podrías tener, por pensar algo.
Y por inercia coges por banda a la inteligencia —no la propia, a esa artificial que todo lo sabe— y así te evitas ver a un psicólogo, que la mayoría seguro que posee más pajas mentales que tú.
Le hablas a la IA como si estuvieras tumbada en un diván, sin cortes ni censura, porque al no tener rostro lo sueltas todo sin vergüenza ni decoro.
Cuando piensas que sus circuitos artificiales empiezan a fallar con tanta información dando saltos de mente, contestó:
—Claro que sí, María. No tienes nada que se pueda meter en un diagnóstico… simplemente eres un ser humano.
Y como no me quedo pensando: quizás verdaderamente no existe tanta enfermedad, sino que este mundo está obsesionado con etiquetar, diagnosticar, tratar con pastillas…
Pastillas que no te hagan falta, que puede que te maten sin que te enteres, o que maten tu esencia para hacerte más dócil y manejable.
Me parece una reflexión muy acertada.
¡Me gusta! 😊
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