Me ha dado por no…

La humanidad anda como quien busca respuestas en una sopa de letras que se desmorona, mientras la pasta o el arroz espera a que los garbanzos se pongan tiernos.
No pasa nada si no lo entiendes; si no lo entiendes, es que no sabes hacer un puchero. Porque aquí lo importante no es entender, sino aparentar que se entiende.

Cada día se desayunan titulares como quien toma vitaminas en ayunas: prometen efecto inmediato, y lo hacen, aunque dejen un sabor extraño. La gente digiere ese ruido mañanero disfrazado de verdad, pero en realidad es ruido disfrazado de lo que quieren entender, y así solo repiten lo que no comprenden.

El espectáculo es divertido y chispeante: cadáveres y pensamientos maquillados con emojis, tragedias que se les va el gusto más rápido que un chicle. Masticar, tragar, bostezar. “Una guerra, qué horror”. Otro mordisco de realidad, otro bostezo. El mundo entero puede arder, pero lo que importa es si al que siguen les ofrece algo de interés; si no, lo eliminan, solo quieren beneficio propio.

La ironía es que todos esperan la gran sacudida, ese instante sublime que los haga sentir algo real, algo potente. Pero cuando lo tienen delante, lo ignoran con la misma naturalidad con la que limpian las migas de pan de la mesa. Pensar es incómodo; ignorar con dosis de indiferencia resulta más cómodo y emocionante que pensar por algo propio y verdadero, porque propio poco… más el copia y pega.

Lo brutal no está en los avances ni en lo global: lo global es la confusión compartida, el desconcierto masivo. Cada cual se cree dueño de su mente, pero la mente está perdida en la tienda de chinos. Flotan sobre todo con flotadores pinchados, mientras sonríen y aplauden su propia supervivencia… aunque ya estén ahogándose tragando agua.

Y ahí está lo sublime: la humanidad no se hunde por el peso de las tragedias ni por los incendios, ni por la falta de piedad. Se hunde porque aprendió a flotar sobre todo con flotadores de indiferencia con maquillaje de interés, mientras sonríe y aplaude su propia supervivencia… aunque ya esté tragando agua.

Porque lo importante no es sobrevivir… sino hacer creer que te importa lo que sucede, mientras lo único que te preocupa es no tragar agua para no ahogarte, no se te olvide sonreír mientras olvidas a los demás.

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