Las puertas con sus portazos

A veces la vida se mide en puertas. Unas se abren, otras se cierran, y en medio estamos nosotros, decidiendo si esperar, empujar, derribar, patear… o seguir buscando otra entrada.

Que no se abra una puerta…
siempre queda la esperanza de que algún día se abrirá.

La única puerta que te cierran en la cara
y que ya no puedes volver a abrir
es la del ataúd… aunque pensándolo bien, a eso se le puede llamar también tapa.

Así que, mientras no estés dentro de uno,
vive abriendo puertas…
aunque algunas chirríen, aunque otras pesen,
otras no se abran porque no te quieren,
otras necesiten aceite en las bisagras porque están atascadas,
y algunas, las hayan blindado por si pasas.

Otras puertas, en cambio, resulta más cómodas tenerlas cerradas, para no dejarte pasar a tí mismo. Y también puede que tengas las llaves, pero no te dejen o no quieras usarlas.

Aunque muchas estén cerradas,
si un día una puerta inabrible se abre —y no es la del ataúd—
¡enhorabuena!
Aún hay remedio para todo…
¡estás vivo!

Estás vivo,
aunque a veces se está vivo… pero no hay vida.
Y no es lo mismo.

Muchas puertas… pero puede que esto no vaya sobre puertas…

2 comentarios sobre “Las puertas con sus portazos

Replica a marialmayoral Cancelar la respuesta