A nadie le importa

Donde nadie lo lea

La respiración del alma.

No lo escribo.
Lo dejo latir entre los huesos.

Si lo pongo en papel,
las palabras se mueren
y el bolígrafo se suicida,
cansado de tanta pena
sin filtros,
sin remordimiento.

El aire huele a azotea.
Alguien grita su pena al cielo,
en el balcón de la traición y el desprecio.
Abajo, una voz devuelve los ecos,
como piedras invisibles
que atraviesan como puñales,

cargados de olvido de buenos recuerdos.

A mitad de ambos,
la tierra:
la que los separa,
la que recoge los trozos
del dolor de corazones partíos,

una vez uno latía para salvar al otro,

y el otro no se acuerda de ningún latido.

No hay palabra que sirva.
La tinta se niega.
El papel se parte
antes de ser escrito
por tanta condena.

Solo queda
el ruido del alma.

Así que no escribo un poema de mierda.
Lo dejo suspendido,
y lo guardo
donde nadie lo lea.


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