Inhumanos: Mentes sin alma

Durante años, el Instituto Mente Cerebral del Copón buscó eliminar el dolor emocional.
“Un avance”, decían.
Una liberación, un paso más allá de la biología.

Un suero de microcorriente dirigida al lóbulo prefrontal del intelecto, que limpiaría los residuos emocionales del sufrimiento.
Pero algo se filtró entre las probetas de querer ser un Dios… algo que nadie entendió pero se coló.

El doctor Melasuda To fue el primer voluntario.
Seis dosis del suero, insertado en su cerebro. Y funcionó.

Despertó sin empatía. Sin tristeza. Sin amor. Sin pensar…
Nada lo perturbaba. Nada lo hacía sufrir. No recordaba el dolor del corazón…
Pero nada lo hacía feliz.

Al principio, los investigadores aplaudieron.

El doctor Melasuda andaba riéndose de las tragedias de sus colegas. Sus colegas quisieron probar el experimento, querían dejar de tener sentimientos.
Todos probaron las seis dosis del suero.
Y fue cuando en ese laboratorio el aire olía a sangre seca de metal y putrefacción de muerte.
Algo se movía entre los cerebros perfectos, libre de pensamientos tristes de remordimientos o situaciones de dolor extremo.

A los seis días, las cámaras grabaron a Melasuda.
Se arrancó los inyectores sensores de su cabeza con unas manos ensangrentadas.
Se sentó frente al espejo y no parpadeó.
Seis horas.
Su cerebro funcionaba, su corazón no latía… pero vivía.
Una vida vacía mientras dentro de él algo crecía… algo que miraba, que esperaba. Algo que le haría caer sin poder levantarse otra vez.

Algo cobró vida en su cerebro, y fue peor que cualquier pesadilla:
666 amígdalas del miedo, se extendieron como raíces negras por todo su cráneo, en su cerebro muerto sin sufrimiento. Pero eso no era pasarlo bien, no tenía que ser eso el resultado de la investigación.
Algo quería devorar… algo más que su mente.

Los investigadores comenzaron a escuchar gruñidos y voces metalicas que les salían de dentro.
Murieron de miedo… y despertaron sin latidos, con raíces negras de indiferencia creciendo en sus propios intelectos carentes de inteligencia emocional.

El miedo no necesitaba emociones para existir.
Se había vuelto consciente, hambriento, imparable… dentro de unos cuerpos sin sentimientos.

En el último registro del ordenador retumbaba una frase repetida:
“No se puede borrar lo que se ha creado. Todos seremos inhumanos.”

La ciencia quiso liberarnos del dolor, de sufrir… pero al hacerlo liberó algo que no debió salir.
El error fue querer tener la cura para no pensar, ni sufrir, ni amar… y nos convirtieron en inhumanos.
Desde entonces, ya nadie siente… pero aún se escucha cómo late el miedo… solo quedó el miedo de vivir sin sentimientos.

Pero ya había que vivir con ello.

Y mientras lo lees… quizás algo esté creciendo también dentro de tu cabeza.

Este experimento es ficción. Cualquier parecido con algún experimento real es pura coincidencia.

2 comentarios sobre “Inhumanos: Mentes sin alma

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