Mi madre siempre me decía:
Encender velas o quemar romero siempre con cerillas, nunca con mechero.

Existe siempre un latido que nadie oye.
Puede que no busque ser escuchado.
Late como quien mastica la nada.
Sin gusto.
Sin prisa.
No hablo de dolor.
Eso sería demasiado fácil.
Hablo de cosas.
Otras cosas que no se nombran.
Como esa sombra que se acopla:
se sienta, duerme,
y termina viviendo contigo.
Como esa visita molesta
que no se marcha.
Solo observa.
Y en ese silencio
vive a tu lado todos los días.
Esos días que no pasan.
Ni vuelan.
Solo existen.
Días que te miran fijos,
como si supieran algo de ti
que tú ya no recuerdas, ni quieres.
Y tú sigues.
Detenerte sería tirar una toalla
ya vieja y podrida.
Ya no hay pena.
Ya no hay miedo.
Solo la conciencia helada
de que dentro de cada uno
existe un rincón que nunca amanece.
Como una sombra, en un suelo frío e inerte.
Y aun así,
por alguna razón que no se explica,
algo en nosotros busca luz.
Aunque sea.
Encendiendo cerillas…
increible 👏🏻👏🏻un poema que se lee con el ❤️🩹
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es precioso 🥺😍😍🥰
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