La lógica de lo ilógico I

Corren tiempos en los que, si algo no encaja en la lógica que la mayoría da por válida, se considera automáticamente ilógico.

Pero conviene detenerse un momento y preguntarse qué entendemos realmente por lógica.

Se ha instalado la idea de que lo lógico es aquello que muchos comparten: viajar, desplazarse de acá paya, practicar deporte, llenar la vida de actividad constante.

Cuando alguien no se reconoce en esos gustos, no se interpreta como una diferencia, sino como un fallo raro.

Sin embargo, la diversidad humana desmiente esa simplificación.

No a todas las personas les atraen las mismas cosas.

Y si así fuera, dejaríamos de ser individuos para convertirnos en copias. Pensar distinto no rompe la lógica; la confirma.
Entre tanta lógica impuesta, a veces se olvida algo elemental: todos hemos sido hijos, hijas, con una vida detrás que vuelve lógico su lógica, ahí es donde aparece la empatía con su lógica.

A nadie se le entrega un manual de instrucciones para vivir la vida. Aprendemos a base de ensayo, error, contradicción, etapas incómodas y asombrosas con momentos gloriosos que ni se explican…

Durante generaciones se entendió que ciertas conductas formaban parte del crecimiento.

Como por ejemplo, la llamada “la edad del pavo”.

Hoy, en cambio, muchas de esas mismas conductas se analizan, la ponen en manos de terapia, psicólogos, todo exclusivamente desde el diagnóstico, incluso medican el comportamiento del adolescente.

No porque el ser humano haya cambiado, sino porque hemos reducido nuestra tolerancia a lo imperfecto, e idealizando lo que creemos perfecto.
El problema no es la observación ni el cuidado, sino la prisa por etiquetar.

Sobran jueces que martillean la palabra ilógico como si fuera una sentencia firme, dando el caso por cerrado sin atender a los matices.
—No me gusta viajar.
—¿No te gusta viajar?
—No.
—Qué ilógico.
—Me gusta escribir.
—¿Te gusta escribir? Y ¿viajar no?
—Si
—Pues es ilógico.

¿Ilógico para quién?
¿Para el que necesite moverse para no escucharse?
¿Para el que huye del silencio?
No me gusta el deporte, aunque me gusta bailar… ahora lógicamente no, lo sé, no es lógico.
Tal vez la incoherencia no esté en quien se sale del patrón, sino en una lógica social que confunde lo mayoritario con lo natural y lo diferente con lo defectuoso.
Aceptar que no todos disfrutamos de lo mismo no es una concesión ni una rareza. Es una evidencia.
Y reconocerlo no es ilógico.

Es, sencillamente, una forma honesta de entender lo humano.

Ser honesto no es lógico.

Mañana puede que sea más lógico, hoy no.

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