¿Aún no sabes que clase de taza eres tú…?

Segunda vuelta de la entrada del año 2016: ¿Que taza eres tú…?

¿Aún no sabes qué taza eres tú?
Manual para saber si eres esa taza de asa multiusos.

Eres una taza de vivos colores, con ese asa resistente que invita a echar lo que sea, mientras piensas: “ya voy yo, que puedo con tó, y con tó me lleno”.
Y estás ahí, sin decir no a cualquier cosa con que llenarte.

Café amargo de todos los días… y después agárrate que te tiras de cabeza al lavavajillas.
Tés de mil versiones… y otra vez al electrodoméstico lavante como una taza kamikaze.
Una taza de caldo, pringosa de pollo, jamón y otras cosas, con calor abrasador… y te tiras al lavavajillas con doble programa para que se vaya la grasa de ese puchero espesante.

Y ahí estás. Incluso con pequeñas grietas.
Y esos colores vibrantes, en cada lavado, se van pareciendo a manchas tristes, apagadas, como huellas dactilares de un pasado brillante.

Eres una taza de colores, que alegra la cocina más deprimente o desquiciante.
Cuanto más te vaya gastando la pastilla potente desengrasante —esa que solo piensa en desgastarte, sin delicadeza sobre tu bonita apariencia— se irá borrando tú color sin que nadie lo note, y puede que no le importe… llegará el día en que tu corazón de asa abrazable se tirará de cabeza a la basura, pues no valdrá ni para ser reciclable.

¡Exacto!… eres una taza de colores.
Y estás para todo, sin importarte que te gasten.

Mímate.
Y no te metas en esos lavavajillas de temperaturas infernales.

Párate y piensa: ¿por qué no?

Un lavado a mano, suave y delicado, con espuma de pH neutro y esponja de mar muerto con minerales regenerantes.
No te llenes con cualquier cosa para seguir siendo de colores alegres, vivos, deslumbrantes…

Porque cuando te rompas, otra taza ocupará tu lugar,
y de ti nadie se acordará.

Y si te rompes… al menos que sea con estilo.


7 comentarios sobre “¿Aún no sabes que clase de taza eres tú…?

  1. Yo soy la Taza que vale para todo.
    Me llenan cuando hace falta, me vacían cuando toca y vuelvo a estar ahí.
    Aguanto el calor, el peso y los golpes sin hacer ruido.
    No presumo, funciono.
    Y aunque tenga marcas, sigo cumpliendo,
    porque lo mío no es lucir…
    es servir y resistir

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