
Si nos van a engañar, por lo menos que lo hagan con arte. Que al menos las mentiras rimen.
Cada pocos meses necesitan meter un sustito nuevo: que si la gripe viene musculada, más fuerte que nunca, como el yerno que siempre dice que se ha puesto a dieta; que si las gallinas son asesinas con huevos de precio de oro que encima matan; que si los jabalíes se han contagiado por un bocata malamente condimentado.
Cambian el animal, cambian el virus… pero el cuento es siempre el mismo: tener a la gente asustada para manejarla mejor.
Y mientras el jabalí se come el bocata de chorizo como si fuera gourmet Michelin, los verdaderos chorizos pasan de largo sin hacer ruido: sobres, decisiones raras, guerras… pero nada, el peligro está en el bocata, claro.
Eso sí, si la cosa no cuela, te cambian el guion en un segundo. Que no fue el bocadillo, no. Que ha sido creado en un laboratorio. Así, sin anestesia.
Las enfermedades existen, claro que sí, pero lo que te montan alrededor es una telenovela psicópata. Cuando ven que el miedo se va pasando, ya están barajando y repartiendo la próxima trola.
Y así van, asustando al personal mientras por detrás hacen lo que les da la gana, barriendo pa’ dentro.
Porque la persona tranquila piensa…
pero la persona asustada obedece como corderito manso, sin pensar nada.
Obedecen con una facilidad que hasta vergüenza ajena da.