Como sobrevivir a la Navidad


Existe una crueldad silenciosa en las luces de colores.

Mientras en estas fechas se cantan villancicos, se tararea otra canción que se acopla como himno navideño: la de volver a casa y convertirnos en un puzle.
Qué bonito… si es que somos un puzle, aunque seamos incajables.
Pero por muy incajable venimos en la misma caja.

A veces la Navidad se convierte en una lupa gigante, agrandando siempre a la persona que no está.
La Navidad es ese subrayador fluorescente que resalta lo que falta, lo que tienes pero no, lo que no viene, lo que se va… lo que no tá.
Es cuando la silla vacía brilla más que el árbol.

Y frente a tanta intensidad emocional —fechas sin igual— te da por investigar otra filosofía.
Una filosofía en la que no puedes arreglar nada que no dependa solo de tus manos.
Te tienes que inventar una filosofía, amoldarla a tu manera de pensar.
Puede que no sea la más filosófica.
No es salvar la Navidad… es vivir.

Hay que brindar por la vida.
Y tras la segunda copa de un buen Rioja, ya pasas de hacerte preguntas que no tienen respuesta.
Ahí es cuando entra el estado zen.
No es una solución, pero es un anestésico muy eficaz para pensar:
«Qué bonito tó».

Guía de supervivencia navideña:
— Aceptar el subrayado fluorescente.
Si la ausencia duele, deja que duela. Así, al final, dolerá menos.
— No obligar al cuerpo a estar feliz.
Si el subrayador está encendido, fingir felicidad vuelve el dolor más cruel.
Llorar es bueno: desahoga e hidrata los ojos con lágrimas naturales.
— Buscar refugio.
Personas que están presentes, que te soportan como eres y que, sin remedio, te quieren tal cual.
— Acariciar a tu perro.
O a cualquier animalito o cosa que haga de mascota.
El marido también vale.
— Humor como escudo de batalla.
Ríete de todo: de lo que digan, de lo que no te digan, de lo que te gusta y de lo que detestas.
Reír. Solo reír.
— Perderte en el fondo de una copa de vino.
Con un buen vino, el ruido mental baja el volumen.

Eso sí: si bebes, no conduzcas.
Ya lo dijo Stevie Wonder.
Regla de oro para salvar vidas.
Si no vas a conducir, bebe.
Ríe y bebe.
Regla de plata: llegar a ese punto exacto de felicidad en el que piensas:
«Me la suda tó».

Y recuerda: el 7 de enero siempre llega.
La vida vuelve a sus colores más normales, más cómodos de llevar.
Aunque ese subrayador fluorescente siga brillando, allá arriba, en lo alto de un muro.

12 comentarios sobre “Como sobrevivir a la Navidad

  1. En Navidad, las personas que no están se hacen más presentes que nunca. Aparecen en los silencios, en los gestos que repetimos sin darnos cuenta, en las tradiciones que continúan aunque falte una voz. La mesa puede estar llena, pero el corazón reconoce las ausencias con una claridad que duele. Sin embargo, también ahí ocurre algo hermoso: quienes ya no están no desaparecen, siguen dando por cul….. o se transforman en recuerdo, en enseñanza, en amor que sigue acompañando. La Navidad no solo celebra lo que tenemos, sino también honra lo que fue, recordándonos que el verdadero vínculo no lo rompe ni el tiempo ni la distanciA

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