Bajo la piel, todos somos estructura. Lo demás son etiquetas.

Los días nuevos son buenos.

Haga frío, calor, lluvia o viento, el mero hecho de amanecer convierte al día en una oportunidad.

Existir ya es un privilegio.

Razonar, comprender y cambiar de perspectiva forma parte de ese ejercicio de estar vivos.
A menudo se olvida que todo lo que ocurre alrededor no sucede con la intención exclusiva de dañar a alguien en particular.

El mundo no gira en torno a una sola biografía, aunque a veces se perciba así.
Todo ser humano carga con un lastre. Algunos días consigue soltarlo; otros, se lo coloca como sombrero y deja que pese más de la cuenta. Esa contradicción no es un defecto, es la prueba de que hay conciencia, memoria y emoción.
Resulta preocupante la tendencia creciente a interpretar cada obstáculo como una zancadilla premeditada. Como si la realidad conspirara de forma personalizada.

Se supone que el ser humano evoluciona hacia una mayor capacidad de análisis y autocrítica. Sin embargo, proliferan etiquetas rápidas que simplifican lo complejo.

Entre ellas, una especialmente recurrente: “……. tóxica”.

Se pronuncia con facilidad. Se utiliza como diagnóstico y como sentencia.

Pero rara vez se detiene uno a considerar que la perfección no forma parte de la condición humana. Ninguna persona lo es. Todas, en algún momento, hieren o se equivocan.

La pregunta incómoda apenas se formula: ¿y si la toxicidad no siempre está fuera? ¿Y si, en ocasiones, también habita en quien señala?

Tal vez el verdadero avance no consista en apartar todo lo que incomoda, sino en desarrollar la capacidad de revisar la propia responsabilidad antes de colocar la etiqueta.

Tal vez el verdadero progreso no consista en huir de todo lo que incomoda, sino en aprender a distinguir entre el daño real y la incomodidad que provoca mirarse a uno mismo.

A veces las situaciones parecen carecer de sentido.

Un comentario sobre “Bajo la piel, todos somos estructura. Lo demás son etiquetas.

Replica a Julián Cancelar la respuesta