Hasta la misma punta

Te despiertas y… quieres seguir durmiendo.

La cabeza ya amanece con sus laberintos emocionales donde la salida es un nudo encrespado.

El cuerpo pega un salto para ver si hace sol o está nublao.

Mientras tanto aparecen nudos.

Nudos pequeños.
Nudos enormes.
Nudos que hacen que tengas que parar la mano entera para no arrancarlo todo de golpe.

Bebes agua.

Agua por doquier para domar el enmarañado de la realidad.

Y mientras intentas que las ideas no se atasquen, te desenredas el pelo.

Buscas soluciones al caos y a los sinsentidos de una vida en una mañana cualquiera pero única.

Bebes café.

Nada parece deslizar.

El atasco está desequilibrado y la lucha te hace construir un cuerpo que sostiene lo que quieres construir, pero paran en seco la construcción de tú obra.

Sientes que se rompe y no quieres cortar porque te gusta salvaje.

Entonces piensas…

Basta ya de tantas tonterías.

Si quieres suavidad y que no se enrede más de lo normal, te tienes que pringar.

Control absoluto.

Coge maicena y dilúyela en agua.

Ponla en la candela hasta que, irremediablemente, espese, como espesan también esos pensamientos que se remueven tanto y que, al final, ya no son ni lo que estabas pensando.

Después apártala del fuego.

Porque a veces seguir calentando solo empeora el desastre.

Añade un chorrito de aceite de oliva y otro de vinagre de manzana…

No, no es una ensalada.
No conquistas nada con una ensalada.

Y esperas.
Espera a que enfríe.

Porque hay cosas que en caliente te queman la vida.

Luego agarra tu melena y aplícate el mejunje de medios a puntas.

Déjalo unos minutos relajado sobre el cabello encrespado.

Después lo lavas como siempre, con ganas de que desenrede sin tirones, sin desafíos de miradas enredadas con doble filo.

Y el resultado aparece con ganas de un aprobado, pues para suspensos ya están los malos actos que normalizan como algo cotidiano.

Sin nudos.
Sin enredos.
Suave.
Ligero.

Si está aceitoso es que el aceite de oliva se te ha escapado un poco.

Pero ten la seguridad de que tu pelo no estará enredado, estropajoso ni enmarañado.

Los pensamientos… esos no los desenreda ninguna mascarilla.

Si quieres algo, aunque se te enrede todos los días, lo intentas desenredar.
Porque cortarlo es rápido… arrepentirse también.

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