
Desde la psicología sabemos que la memoria no funciona como una grabadora, sino como una reconstrucción.
Los recuerdos no se almacenan de forma neutral: están influenciados por nuestras emociones en un momento exacto.
Cuando el resentimiento se instala, es frecuente que aparezca un sesgo de negatividad.
¿Qué significa esto? Que amplifica todo lo negativo y reduce o anula el espacio de los recuerdos positivos.
La historia no cambia, pero sí la forma en que la contamos.
Entonces es cuando nos encontramos con:
Sesgo de negatividad (Negativity Bias): tendencia a dar más peso emocional y cognitivo a las experiencias negativas que a las positivas.
Abstracción selectiva: fijarse en un aspecto concreto de la experiencia, generalmente negativo, ignorando el contexto completo.
Filtrado mental: distorsión cognitiva descrita por Aaron Beck, donde la persona filtra la realidad y atiende principalmente a los aspectos desagradables.
Memoria congruente con el estado emocional: cuando alguien está enfadado o resentido, le resulta más fácil acceder a recuerdos que encajan con ese estado emocional.
Tener una buena salud emocional no consiste en recordar todo lo negativo y olvidarse de lo que nos hizo felices.
Una buena salud emocional consiste en ser capaces de integrar ambos recuerdos sin olvidar ninguno, especialmente los buenos.