Cada cinco minutos

Cuando la mente reduce el tiempo para salir adelante; reducir el horizonte temporal para que el presente resulte manejable.

A veces, solo tienes que eliminar horas del día.

Despertar.

Pensar solo en los próximos cinco minutos.

Sin pasado.

Sin dejar que los problemas ocupen esos cinco minutos.

Sin pensar en un futuro que aún no existe… y sin saber si existirá.

Respirar.

Reírte de todo y de nada.

Aunque nada tenga gracia.

Aunque las ganas se hayan ido.

Cinco minutos.

Y los cinco siguientes.

Y los otros cinco.

Hasta que, sin darte cuenta, el día termina.

Entonces… vuelves a despertar.

Y eliminas horas otra vez.

Porque hay días en los que vivir veinticuatro horas de golpe resulta imposible.

Pero cinco minutos… cinco minutos siempre parecen posibles.

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