
El ser humano es un engranaje alucinante, capaz de realizar acciones desconcertantes.
Posee una capacidad de adaptación de una fuerza casi sobrenatural. Puede vivir situaciones devastadoras y, sin embargo, visto desde fuera, parecer que está completamente integrado en una vida normal.
Pero existe algo fascinante en nosotros: somos capaces de procesar y transmitir información mediante señales eléctricas y químicas que recorren nuestro organismo.
Todo eso gracias a las mensajeras del sistema nervioso: las neuronas.
Se organizan en diferentes tipos y cada una cumple funciones específicas.
Algunas transmiten información sensorial, otras participan en el movimiento, en la memoria, en el aprendizaje o en la regulación de las emociones.
Pero voy a centrarme en algo especialmente fascinante: las neuronas espejo.
En el ser humano, los sistemas neuronales relacionados con este fenómeno participan en la comprensión de las acciones ajenas y pueden contribuir a procesos relacionados con la empatía.
Las neuronas espejo están estrechamente relacionadas con la empatía.
Es algo extraordinario: nuestro cerebro puede reaccionar ante lo que le ocurre a otra persona.
Cuando alguien sufre, ríe o expresa una emoción, nuestro cerebro procesa esa información y puede activar redes relacionadas con aquello que estamos observando.
Ahora imaginemos una situación en la que una persona provoca un profundo sufrimiento en otra.
La vida puede continuar con aparente normalidad.
Una persona puede levantarse, trabajar, comer, dormir y relacionarse mientras a su alrededor existe algo profundamente doloroso.
Desde fuera, nada tiene por qué parecer diferente.
Sin embargo, que algo no ocupe nuestra atención consciente no significa necesariamente que nuestro cerebro haya dejado de procesarlo.
Incluso aunque no veamos a las personas las neuronas espejo pueden hacerlas presente.
La percepción del sufrimiento ajeno puede generar una respuesta emocional incluso cuando intentamos ignorarla o racionalizarla.
Mantener durante mucho tiempo una contradicción entre lo que se percibe y lo que conscientemente se intenta bloquear puede generar un importante desgaste psicológico que aumenta el riesgo de desencadenar una depresión.
Existe algo que resulta inquietante.
Podemos intentar bloquear una información.
Podemos justificarla.
Podemos negarla.
Podemos continuar viviendo como si nada estuviera pasando.
Pero existen procesos en nuestro cerebro, mecanismos neuronales, que no obedecen, simplemente funcionan ajenos a nuestra voluntad, funcionan sin pedir permiso.
Y quizá ahí esté lo verdaderamente fascinante:
podemos seguir adelante como si no pasara nada, mientras nuestro cerebro continúa haciendo su trabajo.
Las neuronas espejo no se pueden apagar.
Increíble e interesante, no conocía las neuronas espejo.
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