El cerebro: Ladrón de paz

El cerebro es capaz de calcular lo más grande, pero al mismo tiempo entra en pánico cuando no encuentra lo que está buscando.

Diseñado con la última tecnología de la Edad de Piedra, este órgano vive en un constante drama teatral.

Puede reaccionar ante una amenaza imaginada como si fuera real, activando respuestas de estrés mientras tú estás tranquilamente sentado pensando en dramas que todavía no han ocurrido, y el cerebro se lo traga todo de manera completa, disparando el cortisol como si estuviera corriendo delante de un león hambriento en plena sabana.

El cerebro es brillante, sí, pero se pasa el día tropezando con sus propios cordones, y lo único que tiene que hacer es atárselos, pero no lo hace.

El cerebro odia los espacios en blanco.

Por eso basta con que capte una sola palabra a lo lejos para que la cabeza active el modo guion de Hollywood.

El cerebro es adicto al control y bastante flojo para esperar pruebas.

En milisegundos agarra esa palabra suelta, saca su agenda de cosas que cree, piensa, sospecha, se ha inventado con ideas que todavía no ha mandado a la mierda, junta las peores frases posibles y te monta una conversación completa de más de tres minutos, con introducción, nudo y desenlace.

Para cuando quieres darte cuenta, el cerebro ya ha decidido que cualquiera que hable cerca está conspirando contra ti.

Básicamente, tu cerebro es ese amigo imaginario dramático que escucha la mitad de una palabra y ya está organizando un funeral.

En psicología, este fenómeno no se debe a una única causa.

Hay varios procesos que pueden contribuir a que nuestra mente complete información ambigua y la interprete de acuerdo con lo que ya espera encontrar.

Apofenia: es la tendencia a encontrar patrones, conexiones o significado en información aleatoria o incompleta.

Sesgo de confirmación: nuestra mente busca encajar esa palabra suelta con las que ya tenías guardadas con tus creencias o preocupaciones previas, en la cabeza.

Inferencia arbitraria: es una distorsión cognitiva que consiste en llegar a una conclusión sin disponer de evidencias o pruebas suficientes que la respalde.

Y así es como estos tres términos de la psicología, la lógica y la filosofía sacan sus conclusiones.

La apofenia inventa el patrón.
El sesgo de confirmación elije de qué va el tema.
La inferencia arbitraria lo da por hecho.

Podemos terminar creyendo que hemos escuchado una conversación completa cuando, en realidad, solo hemos escuchado algunas palabras sueltas y nuestra cabeza se ha encargado del resto.

Porque entre lo que alguien dice, lo que escuchamos, lo que no oímos, lo que creemos o lo que queremos oír aparece esa conversación que nunca existió.

Así que, si tu cerebro capta un susurro, no rellenes los espacios en blanco y lo conviertas en una conversación de película de Disney.

A veces un susurro solo es un susurro.

O un suspiro.

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