Parada de autobús

Estamos en una época en la que cualquier cosa que no te guste… se suelta.

No existe la capacidad de entender, sostener, querer o comprender.

Los padres ahora molestan más que nunca. No se piensa que vienen de otra generación; así siempre existirán las diferencias. Pero el amor que se les tiene tapa cualquier frase mal expresada.

No es fácil ver el declive de unos padres que siempre estuvieron para ti. Ha pasado tiempo y aún lloro su falta.

Con sus esfuerzos sobrehumanos para dártelo todo, con sus fallos, porque eran humanos.

Me lo dieron todo y me ayudaron siempre.

Mi madre fue mi todo cuando, con 22 años, tuve a mi hija, y con 26, a mi hijo.

Fue mi internet con corazón. En aquellos tiempos no sabía ni lo que era un ordenador.

Mi gratitud hacia ellos tenía que estar en mi presencia.

Se quedaron sin casa. No voy a entrar en detalles. Mi casa era su casa.

Gracias a una serie de gestiones, les conseguí un piso precioso. Gracias también a mi marido.

Y así la vida continuaba.

Dejaba a mis hijos en el colegio y, todos los días, cogía el autobús para estar y ayudar a mis padres hasta la hora de recoger a los niños.

Navidades, Carnavales, Semanas Santas viendo procesiones… buenos recuerdos.

Pero el tiempo no perdona a nadie. Por hacerse ellos ancianos y yo por ser joven y aparecer enfermedades, el diablo siempre mete la mano.

Mis padres, ante su poca movilidad, decidieron ir a una residencia.

Mi idea era llevármelos conmigo, aunque ellos no querían.

Aparte el arquitecto que diseñó la entrada de mi edificio debía de estar loco.
En el portal, antes de coger el ascensor, había un tramo razonable de escaleras.

Nunca fui partidaria de asistir a las reuniones de vecinos, pero comencé a ir para proponer una rampa en la portería.

Fueron a la residencia, donde estaban muy contentos, pues parecía un hotel de muchas estrellas.

Seguía yendo todos los días. Les llevaba todo lo que les gustaba. Allí se lo hacían todo, así que charlábamos, le cortaba y arreglaba el cabello a mi madre y guardo buenos recuerdos.

Mis hijos iban, salíamos de paseo y comíamos fuera. Solo era cuestión de pasarlo bien.

Mi padre murió antes.

Mi madre, años después.

En mi edificio construyeron la rampa cuando ya no me importaba.

Por mucho que se haga, siempre te queda la sensación de que se podría haber hecho más.

Siempre estaba porfiando con mi madre, pero…

Yo no heredé unos padres perfectos. Heredé unos padres que estuvieron ahí. Y eso fue suficiente para quererlos toda la vida.

¿Cómo se pueden soltar?

Están muertos, pero no enterrados, el luto nunca se pasa.

No hay un solo día que no los llore.

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