
Hoy es mi cumpleaños.
Mi madre siempre decía que en los cumpleaños había que felicitar a las madres, por la ilusión de traer a un hijo al mundo, una vida nueva que quieres ya más que a tu propia vida; ¡lo más grande!, con la más grande ilusión.
Mi madre.

Era ella, con una mirada ya sabía yo que estaba haciendo algo mal o bien. Poseía una mirada que expresaba más que miles de bocas.
Casi siempre estábamos con el rifi rafe, ella decía blanco y yo negro, o viceversa, la desesperaba, me desesperaba… pendiente de mí en todo momento: no te pongas eso, ponte ésto bien, que haces, no cantes que me traes loca, come, no comas, ven que te peine yo, corre que es tarde, no corras que es temprano, dónde vas, con quién vas, no tardes, ten cuidadito… todo eso y más, y eso que no existía el móvil, pero tenía la habilidad de tenerla siempre detrás hablandome en la oreja; le decía jartible, pesadita… y muchas cosas bonitas.
No existía el pensar como ahora piensan, ahora psicoanalizan, juzgan y lapidan con palabras como: controladora, manipuladora, luz de gas, invalidas mi dolor, va de mártir, narcisista, tóxica… hacía lo que hace una madre con todas las letras.
Éramos madre e hija. Nos contábamos nuestras cosas; reíamos, llorábamos, nos ayudábamos, nos enfadábamos, nos dábamos besos, abrazos y se nos pasaba hasta la próxima tormenta con rayos y truenos… y no pasa nada, vida, era la vida.
Hasta el final estuvo riñedome en lo que tenía que hacer, lo que no… siempre quería lo mejor para mí, era su niña.

Me quería muchísimo.
Y la quiero más, mucho más aunque no esté. Está.
Felicidades, mamá.
Es mi cumpleaños.
Me ha parecido una reflexión preciosa y tú madre tenía razón, sin las madres no hay hijos.
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