Las emociones, esas mismas que sin ellas no hay emociones

Personas: seres humanos perfectamente imperfectos.

Venimos sin manual de instrucciones, pero en el lote entran de serie las emociones y los sentimientos.

El ser humano se equivoca.

Tropieza con la misma piedra no una, sino veinte mil veces o más.

Tropieza, cae y vuelve a levantarse. ¿Que no quieres levantarte y estás a gusto en el suelo? Vale, quédate ahí un ratito. Piensa. Se vale permanecer un tiempo en la caída mientras te recuperas del golpazo… Pero no puedes hacer de esa caída la protagonista del resto de tu vida.

¿Errores? A montones. Ni uno ni dos: miles. Pero no hay que revolcarse en el error como un cerdo en el fango, ni convertir los fallos en el eje de la existencia. Si cada vez que respiras le das vueltas a lo que hiciste mal, nunca podrás ver las posibilidades ni las cosas bonitas que traen los nuevos días.

Hay que vencer esa procrastinación de dar vueltas a lo que no nos gusta y empezar a centrarse en lo que sí.

¿Equivocaciones? Sí, claro. No hay que tener miedo a equivocarse. Anclarse a un pasado, olvidando todo lo que brilló, solo consigue hacer oscura la oscuridad.

Uno de los ingredientes de la vida son los errores; es el precio que se paga por estar vivo.

El ser humano tiene la mala costumbre de postergar el examen de sus propios fallos mientras analiza al milímetro los de los demás, como si los suyos no importaran. Ya lo dice esa sabia frase: «Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra».

Aprender a vivir también es no hacer de los fallos el motivo de tu existencia, ni desgastarse en esa lucha constante por tener siempre la razón sin mirar más allá. Cuesta, pero es así.

No hay que mirar la vida con ojos de sobrevivir, en modo víctima, sino con ojos de vivir: recordando que estamos de paso y que venimos a ser felices, la vida ya se encarga de complicar las cosas; no hace falta echarle una mano.

Cuando la mente se obsesiona con lo que no le gusta, aparece la ira, anulando todas las demás emociones y cerrándole la puerta a la empatía.

Y cuando se ignora el dolor de los demás, es justo ahí cuando aparece la crueldad.

2 comentarios sobre “Las emociones, esas mismas que sin ellas no hay emociones

  1. Gracias por recordar que equivocarse no es el problema; el problema es quedarse a vivir en el error. Me llevo tu frase: No me conviertas en monumento. Creo que todos tenemos alguna piedra a la que hemos dado demasiada importancia.

    Me ha hecho pensar, gracias.

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